A continuació es realitzarà un anàlisi d'aquesta notícia d'ABC del 17
de novembre. En ella es parla de la immigració a Espanya, destacant i
diferenciant el tipus d'immigrants, parlant de “ciutadans sirians” i
“immigrants subsaharians”. Per tant és fàcil detectar un lèxic diferent i
que per comparar fets idèntics diferència per qüestions de raça.
Aquesta notícia serà corregida amb les pautes del professor Casolà Ripollés contingudes en el seu article anomenat "Discurs mediàtic, immigració i il·legalitat". Cridant l'atenció que per parlar dels
ciutadans sirians s'utilitza un llenguatge no racista, mentre que dels
subsaharians si es fa.
Casero en el seu text afirma que hem d'anar en contra de la
generalització d'un procés tan dispar i plural com la immigració. Això
té lloc en el tracte dels ciutadans sirians, als quals es tracta de
manera especial i s'analitza les causes dels seus moviments migratoris
d'una manera especial. No obstant això amb la resta d'immigrants es
tendeix a generalitzar, i el més específic que es pot trobar és
“subsaharians”.
En aquest cas veiem una gran diferenciació entre el tracte cap als
immigrants "subsaharians" (vermell) i a la resta d'immigrants,
especialment els sirians (taronja). En primer lloc es generalitza
parlant de "entrades il·legals", mentre que els ciutadans sirians
"irrompen", amb això s'intenta associar els primers un acte il·legal
mentre que als segons només se'ls associa l'entrada.
Després
d'això comença una generalització total, els subsaharians, com si no
existís pluralitat en la seva situació, diversitat de països i ètnies
són considerats un únic grup, i segons aquest text aquest grup "realitza
entrades il·legals", són "el principal problema", "assalten", usen
"extrema violència" en les seves "intentonas" per "assaltar" la tanca.
En conjunt podem observar que cap a aquest grup s'utilitza un llenguatge
totalment punitiu, s'utilitza llenguatge amb connotacions violentes, delinquies, fins i tot bel·licistes, tot això sempre generalitzant.
No
obstant això quan es parla dels migrants provinents de siriana el to
canvia totalment, ja que segons aquest text són "ciutadans sirians" no
il·legals o sense papers, ells "irrompen" a cap moment assalten, i els
sirians "són famílies que fugen de la guerra". S'analitza el seu cas en
particular, es busquen singularitats i no es generalitza per
estereotips.
Estem davant un cas clar de diferenciació provocada, interessa construir
identitats diferents entre els migrants sirians i els subsaharians.
Mentre que el conflicte en Siria és un que va en contra dels
interessos dels poders occidentals, el caos i la poca visibilizació
beneficia a un gran nombre de multinacionals a Àfrica. En aquest cas
veiem com els interessos geopolítics prevalen sobre la informació i
obliguen a imposar el racisme com a arma contra pobles que viuen en
condicions extremes.
Las entradas ilegales a Ceuta y Melilla crecen un 74 por ciento este año
Uno de los principales
factores de este aumento está en la irrupción de los ciudadanos sirios:
en 2013 no llegó ninguno y este año son ya 2.300
Las
entradas ilegales de inmigrantes en Ceuta y Melilla
crecieron un 73 por ciento en los diez primeros meses de este año
respecto al mismo periodo de 2013, según datos de las Fuerzas de
Seguridad del Estado.
La situación es especialmente delicada en la segunda de las ciudades autónomas,
donde ese indicador creció hasta el 123 por ciento y, lo que es aún más
preocupante, no hay un solo dato que indique que en los próximos meses
el fenómeno se vaya a detener.
El comportamiento ha sido muy dispar en las dos ciudades
autónomas, ya que en Ceuta las entradas ilegales prácticamente se
mantuvieron (dos personas menos) respecto al año pasado. No obstante,
las últimas informaciones sobre la situación en esta ciudad son
inquietantes, pues según fuentes marroquíes más de 2.000 inmigrantes subsaharianos se encuentran en el entorno de la frontera
para intentar entrar ilegalmente cruzando el paso fronterizo. La cifra
ha aumentado los últimos meses de forma importante, por lo que la
presión que se vive al otro lado de la valla puede estallar en cualquier
momento, según los analistas.
Hasta el pasado 22 de octubre 1.337 inmigrantes habían
logrado entrar de forma irregular en Ceuta. De ellos, 762 eran
subsaharianos, 320 argelinos, 204 asiáticos y 51 de otras
nacionalidades. Hasta el mismo día del año anterior se habían registrado
cifras similares, pues entonces entraron 1.339 personas, de ellas 910
subsaharianas, 365 argelinas y 64 de otras nacionalidades.
En Melilla, por el contrario, la situación ha empeorado de forma acusada.
Hasta el 22 de octubre habían entrado a la ciudad de forma irregular
4.596 inmigrantes, de los que 2.339 eran de origen subsahariano, 2.149
asiáticos, 99 argelinos y nueve de otras nacionalidades. Durante el
mismo periodo de 2013, los datos eran que habían entrado 2.066
inmigrantes, de los que 1.555 eran subsaharianos, 423 argelinos y 88 de
otras nacionalidades.
Particularmente interesante es el fenómeno de la
inmigración siria,
inexistente en 2013 y que en 2014 ha llegado hasta las 2.300 entradas
de personas de esta nacionalidad, lo que para los expertos es una de las
claves del aumento de la inmigración clandestina este año. Una vez más
es Melilla la que se lleva la peor parte, pues a esa ciudad accedieron
más de 2.100 sirios (en torno al 74 por ciento), mientras que en Ceuta
apenas llegaron a los 200.
El fenómeno comenzó a detectarse ya a primeros de año. En su mayoría se trata de familias que huyen de la guerra y
que entraron en las ciudades autónomas de una manera menos llamativa
que los subsaharianos, pues cruzaron los puestos fronterizos con
documentación falsa. Su parecido físico con los marroquíes dificulta su
detección y control, pues son alrededor de 30.000 las personas que pasan
de un país a otro solo en Melilla. Se desplazan a pie o en vehículos y
se ha detectado a niños haciéndose pasar por hijos de melillenses de
origen bereber.
Principal problema
En cualquier caso, el principal problema de presión migratoria tanto en Ceuta como en Melilla sigue siendo el del colectivo de subsaharianos, cuyas entradas representan cerca del 53 por ciento del total,
siendo ese porcentaje del 57 por ciento en la primera de las ciudades
autónomas y el 51 por ciento en la segunda. Son además especialmente
significativas porque la práctica totalidad de esas entradas se producen
en avalanchas en las que cada vez emplean más violencia.
Hasta el 22 de octubre de este año unas 15.000 personas han
participado en este tipo de sucesos en Melilla, una cifra que contrasta
con las apenas 2.000 que lo hicieron en Ceuta, un dato que las
autoridades consideran, por comparación, residual. Aunque en los meses
de junio y julio hubo un descenso de este tipo de sucesos, sobre todo
por la instalación de la malla antitrepa en el perímetro fronterizo, el
refuerzo de las dotaciones de las Fuerzas de Seguridad y la colaboración
cada vez mayor de las autoridades marroquíes, lo cierto es que a partir
de entonces, en concreto durante la última quincena del mes de agosto,
se registró un repunte en las avalanchas. En ese periodo se produjeron
hasta siete intentos de asalto protagonizados por unos 1.800 inmigrantes irregulares, de los que solo 110 lograron su objetivo.
Malla antitrepa
En septiembre solo se produjo un intento de asalto masivo a
la valla, el día 12, por parte de unos 300 subsaharianos de los cuales
ninguno llegó a la Ciudad autónoma gracias a la actuación conjunta de
las fuerzas marroquíes y españolas. Sin embargo, esa relativa calma
contrasta con los numerosos asaltos de octubre, que han tenido
continuidad en noviembre.
En los primeros 24 días del mes pasado se vivieron diez
intentos de asalto masivo protagonizados por 1.300 personas. En algunos
de esos episodios
los inmigrantes irregulares se emplearon con extrema violencia causando heridos entre los agentes españoles
y magrebíes que trataban de contenerlos. En otras de las
intentonas los
asaltantes accedieron al entrevallado manteniéndose encaramados hasta
doce horas.
En cuanto a las formas de entrada irregular en Melilla, el
asalto al vallado y el uso de documentación falsa suponen el 88 por
ciento de los casos. La primera de las modalidades supone el 44 por
ciento del total, y es copada por los subsaharianos, mientras que la
segunda llega a casi un 45 por ciento y es utilizada principalmente por
ciudadanos de origen sirio.